y yo que soñé
Fue entonces cuando creí, y de eso sé poco, pues de creer... No creo, más tengo: convicciones. Pensé que gran suerte la mía, pertenecer a un entorno en el que todo quedaba por hacer y el potencial... había potencial. Recuerdo el paseo por Almería, con el desierto de tabernas alrededor de la autovía. Recuerdo pensar, lo que falta es agua, lo demás es cultivar. También me emocioné con una desaladora en Cabo de Gata y vi los molinos... Pensé que el agua desalada basta con subirla alta y dejarla correr hasta un nuevo lago en el interior, era idea de dar vida, era afán de ser dios... Biomanía, biosofía, y es que hacer de lo árido un vergel y del líquido sobrante su motor... Es como entrar en otra galaxia, en otro planeta "bioprobable" y hacerlo VIVO...
También soñé otra vez, aquellas causas perdidas, las absorvidas por el poder del dinero, qué mayor reto y función formadora hacer desde una universidad de avogados que su práctica. No pagados, claro está por dinero, impagables causas que quedan en saco roto por no poder competir con el ingreso continuo de sus actos ilegales, sino que pagados por la experiencia de todos los estudiantes, forjando con ello, sus notas, credenciales y aun más: eso olvidado de nuestros centros de estudio llamado "Prestigio formativo", o "reconocimiento académico"
Quién tuviera papel, limpio y tinta de sobra, para sobre él, escribir todo lo que del buen pensar convitiere en buena obra.
Soñé con centros de estudio científico cubriendo con su gestión de energía y de recursos hídricos las carencias de laboratorios de botánica, para una mejor producción, quién soñó como yo pastores del mar, haciendo de la captura un ejercicio controlado y sostenible en la cria y protección de los mares...
Yo soñé, y sólo un ratito, si tiempo y ganas de toda la noche contar tuviere, no quedan palabras que no citara en el eterno escrtio, pues soñar y pensar, no paré, ni pararé, pues hasta que no muere, el buen razonar está y los malos entendedores ni pueden... Sólo se dedican a mandar...
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